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Dibulla: mujeres que resisten

Mujeres líderes por su territorio

por Carolina Crosby Jiménez

En un rincón del departamento de La Guajira se encuentra el municipio Dibulla, un pueblo que ha sido escenario de violencias guerrilleras y paramilitares en medio de una guerra por el territorio. Además de verse afectado por la ausencia estatal y la falta de recursos económicos, Dibulla ha sido receptor de personas que vienen de otras regiones del país, que además, viven en difíciles condiciones económicas.

A pesar de las adversidades, varios grupos de mujeres han tratado de construir un liderazgo social en el territorio dejando atrás su rol de víctimas y fortaleciéndose dentro de la comunidad a través de proyectos en los que pueden resignificarse como mujeres en un territorio machista. Estos proyectos visibilizan a la mujer dentro de la comunidad no únicamente como víctimas sino como agentes fundamentales en la construcción de paz.

La politóloga Diana Carolina Pinzón Paz en su texto “La violencia de género y la violencia sexual en el conflicto armado colombiano: indagando sobre sus manifestaciones”, señala que, hay una tendencia a ver a las mujeres como víctimas de la guerra y esto hace que se ignore su contribución a posibles soluciones duraderas de paz.

Así, a través de proyectos de microempresas de coco, de cárnicos y de la lucha por el territorio en donde viven y trabajan, estas organizaciones de mujeres se levantan día a día en busca del apoyo a sus proyectos que tienen como fin beneficiar a las comunidades donde habitan: el corregimiento Río Ancho, la vereda Pénjamo y el corregimiento Santa Rita de la Sierra.

En este especial multimedia se describirán las violencias que sufrieron estas mujeres y cómo ha sido el avance de los proyectos de los que hacen parte.

Río Ancho y el conflicto armado

De víctimas a líderes

Deyanit y Yoleida nacieron en una familia de diez hermanos y hermanas en el corregimiento de Río Ancho, Dibulla. Desde pequeñas conocieron de frente las condiciones precarias que ofrece el territorio en el que, años después, todavía habitan. Sin embargo, nunca les faltó nada y crecieron en un ambiente familiar y tranquilo en donde todos se conocían con todos.

En la década de los 90 las dinámicas en el territorio empezaron a cambiar. Dibulla se había convertido en un corredor estratégico para el narcotráfico y grupos como las FARC , con los frentes 59, 41 y 19; los paramilitares de Urabá y los de Hernán Giraldo iniciaron una guerra por el control de esta ruta.

A la edad de 8 años la mamá de Deyanit murió durante un parto y su padre se encargó de “repartir” a sus 5 hijos menores entre otros miembros de la familia. Deyanit terminó en la cabecera municipal de Dibulla viviendo con una tía. Ocho años después regresó al corregimiento de Río Ancho de vuelta con su familia.

En 1991, con 19 años, Deyanit se fue a Córdoba tras comprometerse con su esposo y vivió apenas 5 años en Tierralta pues en 1996 tuvo que regresar a Río Ancho desplazada por los paramilitares.

Ellos iban a tener un combate y dijeron que no iban a responder por los civiles, pero la gente hicimos caso omiso pero ellos para hacer presencia quemaron un bus, mataron al ayudante, empezaron a matar familias enteras y ahí fue cuando empezamos a desocupar. Perdimos todo, no teníamos tierra pero sí cultivos, cerdos, y nuestras cosas
-Deyanit-

Deyanit volvió una vez más junto a su familia pero sintió que tras el desplazamiento y lo que vivió en Tierralta perdió su tranquilidad pues no había estado acostumbrada al conflicto. Ya no podía dormir en paz pensando en que llegarían a su puerta a media noche y ella sería la siguiente víctima.

La abogada Rocío del Pilar Peña Huertas, coordinadora del Observatorio de Restitución y Regulación de Derechos de la Propiedad Agraria, ORRDPA, que ha trabajado con las mujeres campesinas y el derecho al acceso a la tierra, piensa que las mujeres son las que más sufren las consecuencias del conflicto armado:

Se quedan viudas, huérfanas, tienen pérdidas grandes pero adicionalmente existe en algunos grupos al margen de la ley, por lo menos algunos paramilitares, y sobre todo en esta zona donde estaba Giraldo, las mujeres son víctimas de todo lo que tiene que ver con violencia sexual. Adicionalmente, las mujeres son tratadas como objeto de negocio para evitar un mal mayor
-Rocío Peña Huertas-

Esta idea la respalda Donny Meertens, antropóloga y doctora en Ciencias Sociales y fundadora de la Escuela de Estudios de Género de la Universidad Nacional de Colombia, en su texto “La dimensión de género en el desplazamiento interno: respuestas institucionales en el caso colombiano” al afirmar que las mujeres rurales, en especial las campesinas, sufren de manera más intensa que los hombres las rupturas, el desarraigo y la desintegración familiar que sufren tras huir de la violencia.

En 1999 ocurrió la primera masacre en Dibulla, cinco personas murieron a manos de las Autodefensas del Mamey, , al mando del narcotraficante Hernán Giraldo, en el corregimiento de Palomino. Días después asesinaron a otra persona y tres más resultaron heridas.

Tres años después llegó el terror a Río Ancho, cuando los paramilitares iniciaron un paro que duró un mes en la troncal Caribe entre La Guajira y Magdalena, la única vía que une a los dos departamentos. Deyanit relata los hechos:

Durante el paro los paramilitares vulneraron los derechos de los campesinos al punto de que, a cambio de permanecer con vida, debían abandonar sus cultivos tradicionales y empezar a cultivar coca. Deyanit recuerda que a las 6:00 pm todo el mundo debía estar en su casa y no podía salir, incluso nadie podía intervenir si veía o escuchaba algo a menos que fuera un familiar suyo. “Eso era comprarse la muerte. A personas que no eran nativas sino que venían a trabajar, las mataban. Y los mismos que mataron vinieron y recogieron todo. La Policía no existía acá”, cuenta la líder.

Según María Mónica Parada Hernández, socióloga, abogada e investigadora del Observatorio de Restitución y Regulación de Derechos de Propiedad Agraria de la Universidad del Rosario, mujeres como Deyanit son un ejemplo de cómo a pesar de haber sido victimizadas, convirtieron el liderazgo en una opción de reconciliación con el territorio en donde ocurrieron las violencias:

Les ha permitido asociarse,conocer otras mujeres en otros territorios y poder contar su historia en otros escenarios.
-Mónica Parada Hernández-

Muchas se aferraron a la religión, fue en ese momento, tras finalizar el paro, cuando Deyanit sintió la necesidad de volverse líder religiosa en pro de ayudar a la comunidad a salir de ese episodio de violencia que acababan de atravesar y junto a otros creyentes crearon la Iglesia Cristiana Cuadrangular. A través de oraciones, asegura Deyanit, “Cristo fue tomando las riendas del pueblo” hasta que no hubo más presencia paramilitar. Poco a poco iniciaron la entrega de armas y hubo una desmovilización, aunque se supo que hubo gente del pueblo que por plata se hacía pasar por paramilitar y entregaba las armas por ellos. Sin embargo, no se supo más de la presencia de grupos al margen de la ley en el municipio de Dibulla por un buen tiempo

De un momento a otro estábamos ejerciendo el pastorado y bueno nosotros somos un canal de bendicion para orar. Yo soy líder de la iglesia, soy pastora y bíblicamente la palabra nos dice que tenemos que dar la vida por nuestra gente, para eso estamos. Es un llamado que dios le hace a uno, que dice quienes somos y qué somos capaces de enfrentar. Ser líder es aprender a amar a las personas y si toca sacar la cara pues lo hace uno porque lo apasiona
-Deyanit-

Tras la ola de violencia que tuvieron que atravesar, Deyanit no solo empezó a ejercer la pastoría de la Iglesia, sino que también se convirtió en profesora de validación de primaria y bachillerato. Aunque apenas acabó el colegio y no tiene un título profesional, apoyada en algunos libros y con estudio constante, trabaja en la Corporación Gimnasio del Caribe, una institución para adultos y algunas jóvenes que ya tienen hijos que le impiden ir al colegio, para que puedan obtener su cartón de bachiller.

A la par, Yoleida, al igual que su hermana, sintió la misma necesidad de servir a su comunidad. Sin embargo escogió una vía diferente a la religiosa debido a sus creencias, ya que no se considera una persona religiosa. Decidió asumir así el liderazgo en Río Ancho y buscar proyectos de los que la comunidad, y en especial las mujeres, pudieran hacer parte. Yoleida cuenta cómo inició su liderazgo:

En una esquina, diagonal a la iglesia del corregimiento y con sus muros pintados de un rojo que brilla bajo el sol dibullero, se lee en letras grandes “MUJERES CON VISIÓN”. La cooperativa fue creada con el incentivo que recibieron por parte del gobierno y fue el primer proyecto en el que participó un grupo de 10 mujeres para iniciar su propia fuente de generación de ingresos.

Más adelante vino un proyecto con el Servicio Nacional de Aprendizaje, SENA, en el que se capacitaron para la fabricación de embutidos que venden en la cooperativa y entre sus conocidos. De 18 personas que hay en proyecto, solo 2 son hombres, el resto son mujeres casadas y con hijos que quieren aportar a la economía de sus hogares. Este ha sido el proyecto más grande femenino y liderado por una mujer que se ha llevado a cabo en Río Ancho.

Rafael Camargo, el instructor del Sena que estuvo a cargo de este proyecto afirma que:

Hay una particularidad y es que la mayoría son mujeres. Me imagino yo que es porque los hombres, sus esposos, por lo general están ocupados en los animales, los cultivos, el trabajo, el sustento del hogar… y ellas generalmente son amas de casa, entonces les queda más tiempo para invertirlo u ocuparlo en una formación que llegue, que es gratis y que les vaya a brindar un beneficio
-Rafael Camargo-

Sobre este proyecto, Yoleida explica la importancia de que esté conformado casi en su totalidad por mujeres:

Rafael afirma que estos proyectos le aportan no solamente a las mujeres sino a la comunidad entera ya que lo importante es el aprovechamiento que hagan con el conocimiento y las habilidades recibidas. Las mujeres de Río Ancho son un ejemplo de cómo este proyecto de formación se vuelve productivo para la comunidad. Además, como afirma Rocío del Pilar Peña Huertas, que las mujeres pasen de ser un objeto de la guerra a ser un sujeto de derechos es muy importante y que además sean usuarias de las políticas públicas, hace que se desarrollen como personas y que sean motor de desarrollo de su región

Mónica Parada Hernández señala que con estos proyectos la construcción de paz es efectiva especialmente para las mujeres ya que al tener proyectos que les permitan una autonomía económica, están menos expuestas a la violencia y que, además, adquieren mayor poder dentro de sus hogares y facilitan la participación de la comunidad:

Esto es uno de los avances más grandes que puede hacer una negociación y es sacar a la mujer del hogar para ver que tienen otras opciones mas allá de los roles reproductivos. Necesariamente genera un poder en ellas, estas mujeres metidas en economías locales hacen que no solo se benefician ellas sino la comunidad en general
-Mónica Parada Hernández-

A pesar de que uno de los objetivos que se plantearon en los Acuerdos de Paz pactados en 2016 entre el gobierno Santos y las FARC-EP sobre los territorios que hacen parte del Plan de Desarrollo con Enfoque Territorial, PDET, es “el desarrollo y la integración de las regiones abandonadas y golpeadas por el conflicto, implementando inversiones públicas progresivas, concertadas con las comunidades, con el fin de lograr la convergencia entre la calidad de vida rural y urbana, y fortalecer los encadenamientos entre la ciudad y el campo”, el apoyo económico de todos estos proyectos lo tienen que buscar por fuera de Dibulla. Las entidades locales no han resultado efectivas en la comunidad debido a la falta de inversión y el poco interés que demuestran tener ante las propuestas que las líderes presentan.

Este pueblo es un pueblo sano, usted puede dejar la ropa afuera, puede dormir en el kiosko y nada le pasa, puede saber que va a estar tranquilo
-Deyanit-

Sin embargo, esto no ha sido problema para Deyanit o Yoleida. Ellas son conscientes de la importancia que tienen estas iniciativas en Río Ancho y el hecho de que sean lideradas por mujeres para construir paz en el territorio. Los proyectos no solamente benefician a las mujeres que hacen parte de este, en tanto las posiciona en lugar diferente dentro de sus familias como en la comunidad, sino que en un nivel más amplio se ven involucradas las dinámicas de un territorio donde se tenía pensado que solo el hombre salía a trabajar la tierra mientras la mujer se encargaba de las tareas del hogar. Además, estos proyectos hacen que las mujeres puedan darse cuenta de la importancia de su participación y no como agentes que escuchan y siguen órdenes sino como una voz activa que puede proponer y realizar cambios.

Mujeres, líderes por el derecho a la tierra.

El municipio de Dibulla se extiende hacia la Sierra Nevada de Santa Marta en numerosas veredas que inclusive pocos dibulleros conocen. A dos horas a pie de la troncal Caribe se encuentra la vereda Pénjamo, una zona habitada por pocas familias campesinas que atraviesan distintos problemas con el acceso a la tierra. La comunidad ha encontrado en sus mujeres, el liderazgo para reclamar lo que consideran suyo.

Pénjamo se divide en tres parcelaciones: El Rosario, que se encuentra en la falda de las montañas junto al río Corual; El Salao y Los Lirios, que quedan en un parte más alta y árida, lejos del río. El resto de territorio que queda sobre estas parcelaciones forma parte del resguardo indígena.

Mercedes Cristancho y María Bernal son dos líderes que llegaron a la zona hace cerca de 20 años y que han estado al frente del proceso de adquisición de tierras de la comunidad.

Cuando Mercedes llegó al territorio se dio cuenta que allí necesitaban a alguien que saliera a reclamar sus derechos: “el campesino trabaja mucho y no tiene la oportunidad de tener los beneficios del gobierno” dice la líder. En este proceso conoció a María, quien habita la parcelación de El Rosario y quién decidió apoyarla para ponerle cara a los problemas que tienen con el acceso a la tierra.

Han pasado por las oficinas del Instituto Colombiano de Desarrollo Rural, INCODER; el Instituto Colombiano de Reforma Agraria, INCORA y ahora la Agencia Nacional de Tierra, ANT; que en 2018 cerró sus oficinas nuevamente en el municipio de Dibulla. En este recorrido, afirma Mercedes, han encontrado que hay muchas irregularidades en contra de los campesinos. A pesar de que las familias llegaron a la vereda porque sus tierras les fueron adjudicadas allí, no todas las parcelas están legalmente a su nombre.

Mercedes explica la principal problemática que tienen los habitantes de la vereda:

Las condiciones de vida en Pénjamo tampoco son las mejores. Por estar tan lejos del casco urbano, se ha invisibilizado su existencia. No cuentan con servicio de luz, gas o agua. No hay una tienda cercana donde puedan comprar comida. No hay colegios o escuelas. No cuentan ni siquiera con una vía de acceso más que la trocha que solo les permite acceder a pie o a caballo.

Lo que me he dado cuenta es que entre más lejos del centro estén, las condiciones son peores. Entre más cerca al centro nacional fuerte, se ve a las mujeres campesinas más fuertes y desarrolladas que en otras regiones. El Plan Nacional Integral de Sustitución, PNIS, va a dar dinero para vías terciarias pero solo a los territorios PNIS. Entonces uno se pregunta "¿tengo que sembrar coca para acceder a vías terciarias?" el desarrollo de vías es indispensable para el desarrollo
-Rocío Peña Huertas-

En 2018 se creó la ley 1900 que busca disminuir la desigualdad entre hombres y mujeres en cuanto a la adjudicación de tierras baldías. Uno de sus artículos dice:

Podrán ser beneficiarias de la presente ley las mujeres rurales mayores de 16 años, salvo las excepciones legales, que no sean propietarias de tierras, que tengan tradición en labores rurales, que se hallen en condiciones de pobreza y marginalidad, y que deriven de la actividad rural por lo menos el cincuenta por ciento de sus ingresos. Se priorizará a aquellas que ostenten condición de madres cabeza de familia
-Artículo 5, ley 1900/2018-

Sin embargo, a pesar de cumplir con las condiciones que exige la ley, el mayor problema que tienen es del acceso a la tierra. Todas las familias son campesinas y a pesar de estar viviendo allí hace varios años, todavía no tienen el título legal de su propiedad y si lo tienen no pueden acceder a programas o medios para trabajarlas. Esto afecta directamente la economía de cada una de las familias pues al ser familias campesinas y no poder tener una tierra productiva (sumado a la ausencia de vías y el abandono estatal), las alternativas de generar ingresos al hogar son limitadas. Además porque sin tierra, tampoco pueden tener garantía para poder acceder a préstamos que respalden sus proyectos agrícolas

Las tierras

La parcelación de El Rosario fue adjudicada como propiedad común y proindiviso a 56 familias por el Incora. Esto quiere decir que los predios que la conforman son de propiedad colectiva y no pueden ser vendidos, embargados o hipotecados individualmente por cada familia.

Además, la adjudicación traía unas cláusulas resolutorias que dictan un plazo mínimo de 10 a 12 años para que las tierras se mantuvieran en común proindiviso, pero estas cláusulas fueron entregadas de forma individual a cada familia. Aquí es donde empiezan a haber complicaciones.

María Bernal llegó junto con otras 55 familias campesinas a las que se les entregó el terreno en el año 2000 para que lo dividieran entre ellas en 56 parcelas. Del total de familias, cerca de 40 hicieron presencia para la entrega del territorio, 30 asisten a reuniones que se hacen cuando se necesita y únicamente 11 viven ahí.

María Bernal explica que como el predio funciona como una unidad, para cualquier proyecto productivo que la comunidad quiera acceder, deben tener la firma de todas las 56 familias a quienes se les adjudicó. Como hay familias que no han hecho presencia nunca en la zona, las personas que habitan El Rosario se encuentran estancadas ya que no tienen cómo contactarlas y por tanto, no pueden acceder a proyectos. María ha liderado todo el proceso para adquirir los títulos de las tierras a pesar de la ausencia de las 11 familias y se ha convertido en un símbolo para la comunidad.

A cada familia se le entregó una resolución por aparte, la cual empieza a correr desde el momento en que se registra en la Oficina de Instrumentos Públicos, que es la que se encarga de emitir papeles, pasado predial, etc. Para realizar el registro, algunas personas se demoraron hasta dos años, lo que retrasó el proceso de las demás familias, pues todavía es un predio con 56 dueños. “Estamos estancados, no podemos hacer nada productivo con nuestras tierras sin esas familias restantes”, afirma la María

El problema de Pénjamo es muy complicado porque va que muchos ni siquiera han llegado, los únicos que han llegado son los únicos que no se han podido ir. En Pénjamo se trabaja con muejres porque son las unicas que están ahí y porque han demostrado que sobreviven a pesar de todas las barreras y todos los indicadores en conra, estas chicas tienen todo en contra y siguen ahí. Además porque es lo único que tienen.
-Rocío Peña Huertas-

La única esperanza que tienen para conseguir la propiedad de sus tierras la tienen en la ANT, que en 2018, y tras el cambio de gobierno, retiró a sus funcionarios y cerró las oficinas del municipio.

De pronto este año o el año entrante tenemos la luz por el tiempo que estuvo la ANT y que nos reconocieran, que las entidades conozcan que sí existe, que estamos trabajando, porque nosotros estamos olvidados
-Mercedes Cristancho-

La Agencia Nacional de Tierras abandonó sus oficinas en Dibulla luego de hacer cartografías sociales veredales en el año 2018. Sin embargo, en 2019 directamente desde la sede de Bogotá visitaron el territorio y decidieron tomarlo como un caso especial luego de que sus habitantes pasaran derechos de petición para solucionar el problema de la ausencia de estas familias que nunca han aparecido.

Este proceso lo han logrado debido a que estas líderes siguieron con el apoyo de Alexander Rodríguez, un amigo y exfuncionario de la ANT que se ha encargado de acompañarlas en el proceso, asesorándolas en el tema. María Bernal, en compañía de Mercedes Cristancho, han convocado reuniones con una constancia que ha permitido que la lucha por los títulos de las tierras no se detenga.

Sin embargo, el panorama no siempre es alentador en El Rosario. Las tierras que se encuentran en los límites de la parcelación, hacia la parte alta de la montaña, hacen parte de un resguardo indígena. Los líderes de dicho resguardo permanentemente ofrecen dinero que reciben por parte de apoyo internacional para comprarle la tierra a los campesinos y poder expandirse.

Esto no podría lograrse por vías legales en Colombia pues, desde el 2016, tras el acuerdo de paz entre el gobierno y la guerrilla de las Farc-EP, Dibulla entró a ser un municipio priorizado por el posconflicto y el Estado detuvo toda compra de tierras para todos los grupos étnicos con el fin de garantizar el acceso a la tierra.

María Bernal, cansada de todo el trabajo que implica el liderazgo y de tanta insistencia, ha llegado a considerar la opción de vender su parte a los indígenas e irse a otro lugar donde pueda trabajar la tierra al no encontrar una respuesta del Estado.

Las opiniones entre los habitantes son divididas: algunos piden redistribuir las tierras de las familias que no han hecho presencia, otros opinan que se busquen 15 familias más que necesiten tierra y se les adjudiquen esa y otros están pidiendo que los reubiquen. Sin embargo, la comunidad ya reconoce a María como líder y confía en que ella logre una solución que les beneficie y les permita acceder a los títulos de sus tierras pronto.

Estamos todavía muy lejos de comprender la relación de las mujeres con la tierra pero el hecho de que ellas puedan exigir de una forma distinta la titulación, tiene que ver con una formación en derechos que llega mas fácil en mujeres lideres. En aquellos lugares donde no se habla de la importancia que las mujeres sean dueñas de la tierra, es difícil que las mujeres se hagan conscientes de esto
-Mónica Parada, socióloga-

Más arriba, en los predios de Los Lirios y El Salao vive Mercedes. Estos predios quedan en la parte alta de una montaña entre el río Tapias -división natural usada para distinguir el territorio de Riohacha de Dibulla- y el río Corual; razón por la cual, al encontrarse en el límite y tan lejos de la carretera, “en Dibulla y en Riohacha ni siquiera nos reconocen”, afirma Mercedes, líder de la vereda.

Para la comunidad Mercedes ha sido la única que ha podido defender las tierras. Se ha encargado de visitar las oficinas de las entidades con insistencia para que estas visiten la zona y puedan establecer quiénes son las familias que de verdad ocupan las tierras hace varios años pero las entidades poco han hecho presencia.

Le cuesta mínimo 20.000 pesos cada visita a la cabecera municipal, además de tener que realizar parte del trayecto a pie. A pesar de las precarias circunstancias del territorio y del fuerte machismo que existe, Mercedes sigue en pie luchando por los derechos de su comunidad. Es la primera líder mujer de la vereda, y aunque ha querido ceder el liderazgo, ninguna otra persona lo ha tomado, pues no tienen el tiempo porque permanecen en sus tierras trabajándolas o simplemente no tienen los recursos para estarse trasladando a las oficinas.

El suelo del territorio es árido y seco, y las familias dependen del ciclo de la lluvia para poder sacar adelante las cosechas. Además no tienen quién responda por la inversión pública en pozos de agua y los ríos se encuentran lejos y en puntos más bajos que dificultan la llegada del agua a las fincas pues tampoco hay carreteras. Esto hizo que la mayoría de familias abandonara o vendieran las tierras que les fueron adjudicadas en los predios.

Tras adjudicar estas tierras, el director del Incora de ese momento, Armando José Cuello Daza, visitó El Salao y Los Lirios para verificar el estado en que se encontraban. Al ver que no estaban habitadas invitó a otras familias a que las ocuparan bajo la condición de que si seguían ahí en 3 años, recibirían los papeles legales de la tierra. Con esta segunda adjudicación llegó al territorio Mercedes Cristancho y las demás familias que habitan hoy las parcelaciones.

Se anularon así las primeras adjudicaciones pero en en 2010, un año antes de que saliera la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras de 2011, se reactivaron. El Incora se convirtió en el Incoder, con este cambio vino también el cambio de presidente de la institución en la Guajira y la nueva persona a cargo desconoció este acuerdo que se había hecho previamente con la comunidad, razón por la cual las familias nunca recibieron los títulos de sus tierras.

Ante todo el papeleo que ha implicado el proceso y la confusión que existe, la comunidad ve a Mercedes y a María como las únicas que entienden bien el problema. Se han convertido en unas expertas en la lucha del territorio y es por esto que siguen liderando el proceso después de tanto tiempo.

Con el apoyo de Alexander Rodríguez, quien las acompaña en su proceso, y un abogado del Equipo Jurídico Pueblos (organización que defiende el territorio como espacio integral vital), lograron la visita al territorio por la ANT, luego de un proceso con la Unidad de Restitución de Tierras, URT, en donde tomaron las declaraciones de cada familia y están a la espera del título de sus tierras. Mercedes guarda un documento que los respalda, y que firmó el saliente director del Incora, donde da constancia de las visita que realizó y las personas que estaban allí trabajando esas tierras: las personas que entraban en el acuerdo que luego desconocieron.

Mercedes ha acompañado a la comunidad y se ha plantado durante horas en las oficinas encargadas de apoyar el proceso para garantizar el acceso a la tierra que habitan. Además de exigir ante la Alcaldía de Dibulla que se les reconozca como parte de la jurisdicción del municipio.

Afirma también que por ser mujer tratan de invisibilizarla y esta ha sido una barrera que Mercedes ha logrado superar. Habla sobre la situación actual de las mujeres líderes:

Mónica Parada, socióloga, considera que los movimientos campesinos están exigiendo no solamente la tenencia sino la propiedad de la tierra. Además, que en el tema del liderazgo femenino se destaca que estas líderes buscan conseguir los títulos no solo para las mujeres sino para todos en la comunidad, diferente a los hombres que buscaban la titulación propia:

Sobretodo cuando son procesos que tienen que ver con procesos productivos, si son las mujeres las que están tomando los liderazgos es mucho mas fácil que los procesos de distribución de recursos hagan que las mujeres también reciban recursos. Puede que no de forma igualitaria, pero las mujeres sí son fundamentales y su vocería es indispensable para hacerse visibles
-Mónica Parada Hernández-


Santa Rita de la Sierra: ¿Por qué las mujeres terminan sobresaliendo en los liderazgos sociales?

Otro de los corregimientos que hace parte de Dibulla y que se encuentra entre la troncal Caribe y la Sierra Nevada de Santa Marta es Santa Rita de la Sierra. Allí habitan 89 familias víctimas de conflicto armado que recibieron tierras del extinto Instituto Colombiano de Reforma Agraria, INCORA, las cuales se dedican a: la agricultura, una que otra trabaja en las bananeras y algunas mujeres buscan emprender sus propios proyectos entre ellas para sacar adelante a sus familias.

Entre estas mujeres se encuentra Silenia. Ella es de mamá antioqueña y papá guajiro. Nació en Yarumal, Antioquia y fue criada entre el municipio de Barranca (sur de La Guajira) y el corregimiento de Cotoprix (jurisdicción de Riohacha) donde perdió a su padre y gran parte de su familia una noche en que la guerrilla se tomó el pueblo hace aproximadamente veinte años un 22 de diciembre.

Mi papá estaba amenazado y un año después de estarle sacando el cuerpo a la muerte, lo matan
-Silenia-

Fue ese día, y con solo 19 años, cuando sufrió su primer desplazamiento. En ese momento Silenia era representante de su departamento como cantautora en el festival Festibumba,el más importante en ese momento en la región y, dice, iba para el festival de música de Viña del Mar pero las circunstancias la hicieron abandonar sus sueños.

Tras el desplazamiento, Silenia llegó a Barranquilla. Tocando puertas y con insistencia, dice haber demostrado su talento hasta finalmente conseguir trabajo en el canal de televisión Telecaribe. Durante un año estuvo presentando notas para el canal y haciendo comerciales. Después de esto hizo unos jingles navideños para niños pero luego decidió ingresar a la vida religiosa.

Se desplazó a Medellín con un grupo religioso llamado la Santísima Caridad. Allá ingresó al convento y al poco tiempo de profesar se retiró e inició su vida como una mujer comprometida con la Iglesia pero fuera del convento. Por ese entonces conoció al padre de sus hijos y con quien comparte su vida actualmente: un indígena con tierras en Santa Rita de la Sierra, y es así como llegó a Dibulla en el 2002.

Silenia es madre, esposa, secretaria de ASOCAM (Asociación Campesina), presidenta de la JAC del corregimiento desde hace tres años y dice apostarle al desarrollo de la comunidad mediante iniciativas alternativas económicas.

Es líder en su comunidad hace pocos años tras demostrar iniciativa para ayudar a sus vecinos a través de proyectos y propuestas en busca de un beneficio comunal. “Una líder es quien siempre está con la visión y misión de proyectar el desarrollo de su comunidad, sin interés personal, cuando lucha por las necesidades y mejoramiento de vida que tiene su comunidad”, cuenta la presidenta de la JAC.

Con la idea de tener un proyecto en el cual pudieran unirse varias mujeres de la comunidad, Silenia aprendió a hacer mermeladas de mango. Se creó un grupo de mujeres que fabrica este producto y en medio de este proyecto conoció también el proceso para producir aceite de coco al cual decidió apostarle todo. Dejó el proyecto de mermelada de mango a cargo de otro grupo de mujeres y conformó uno nuevo para trabajar los productos derivados de esta fruta playera.

El liderazgo es algo que surge pero no es algo que sea nuevo. Las mujeres rurales tienen una trayectoria larguísima haciendo ejercicios de formarse, asociarse o hacer que el Estado y la sociedad misma reconozca su trabajo productivo. El tema es la visibilización y reconocerlas como actores importantes en el desarrollo de los territorio.
-Mónica Parada, socióloga-

La socióloga Mónica Parada considera que la asociación del campesino le resulta mucho mejor que trabajar de manera individual. Esta es una de las razones por la que las mujeres se han asociado entre ellas en un acto de solidaridad. Afirma, que se están empezando a reunir entre ellas y reproducir espacios de confianza y asociación femenina que les permite afirmar que necesitan tener sus propios ingresos.

Silenia lo ve como una alternativa de desarrollo económico. Afirma que las mujeres que trabajan en las bananeras ganan muy poco y cree fielmente que las microempresas son una buena alternativa para la economía de las familias. Además porque la corrupción en el territorio hace no solamente que sean muy pocos los proyectos que se aprueben por las instituciones, sino que cuando son aprobados, no lleguen los recursos completos para su realización y desarrollo.

Es por esto que el apoyo de la fundación colombo francesa Envolvert, que lleva varios años haciendo presencia en el territorio, a través de las charlas y capacitaciones que han brindado, han hecho que las personas se empoderen más de su comunidad y de sus conocimientos, afirma Silenia. Ha sido fundamental su apoyo para la creación de estos nuevos proyectos. Incluso para el festival Colombiodiversidad, que realiza la fundación, Silenia y Yolanda (quienes dirigen el proyecto) fueron invitadas a Bogotá a dictar un taller de fabricación de aceite de coco.

La marca de productos de coco se llama Faldas de la Sierra, está conformada por diez mujeres y un hombre.

No dudo de la capacidad del hombre, pero ya es momento y estamos en la era de que la mujer también puede, entonces esta es una forma de mostrar que la mujer si puede llevar un proceso de proyecto que genere empleo y minimice el desempleo en nuestras comunidades
-Silenia-

Silenia explica la importancia de que el proyecto esté liderado por mujeres en el contexto actual:

Yolanda España, integrante de Faldas de la Sierra, y desplazada de Santa Marta por parte de los paramilitares, ingresó al proyecto y lo encabeza junto a Silenia. Todas las mujeres que conforman la marca son madres cabeza de hogar que dividen su tiempo entre su familia y su trabajo turnándose los tiempos libres para adelantar procesos de los productos.

Yolanda explica que el sueño de conformar su microempresa está muy cerca a pesar de los problemas con los que se han encontrado en el camino. Ellas se postularon a un proyecto con el Ministerio de Agricultura, con capacidades empresariales y con el SENA que las ha capacitado para poder lograr sus metas. A pesar de las adversidades, Yolanda cuenta cómo han logrado sacar adelante el proyecto:


A pesar de que otro de los objetivos de la creación de los territorios PDET es “el reconocimiento y la promoción de las organizaciones de las comunidades, incluyendo a las organizaciones de mujeres rurales, para que sean actores de primera línea de la transformación estructural del campo” los recursos para lograr el proyecto de Faldas de la Sierra lo han sacado adelante, como dice Silenia, “con las uñas”. Ellas son conscientes que están transformando su territorio pero no gracias a las entidades locales sino a ellas mismas que se han organizado y buscado por sus propios medios los recursos.

Sin importar todos los inconvenientes que han pasado estas mujeres, lograron conseguir el proyecto con el Ministerio de Agricultura y esperan el dinero para poder emprender con su microempresa a inicios del 2020.

Cuando viví la guerra y perdí a mi familia yo me convertí en una resentida social, no confiaba en nadie. Sentía que me habían quitado a mi papá y me dejaron huérfana, perdí toda motivación, fue muy duro. Hoy en día he despertado un poquito más aunque no volví a ser la misma. Tuve un tratamiento psicológico donde aprendí mucho a manejar mis emociones
-Silenia-

Las mujeres de Santa Rita de la Sierra son ejemplo de resistencia que han demostrado que con esfuerzo e iniciativa pueden conseguir lo que se propongan. A pesar de que el machismo todavía persiste en el territorio, son estas mujeres las que están cambiando la imagen de ellas mismas dentro de las comunidades y demostrando que pueden ayudar y contribuir a construir un territorio integral donde todos tengan participación y contribución.